Manuela-y-Bolívar

 

*Luís Mérida Coímbra

Patriota, guerrero, amante, letrado, escribidor implacable; ostenta el título de ‘Libertador’. Simón José Antonio de la Santísima Trinidad de Bolívar y Palacios, un personaje iluminado en el Olimpo, nacido en Caracas un 24 de julio de 1783. Militar de cepa, corajudo, hombre de mando, de mundo. Promulgó leyes, ordenanzas, decretos; conspicuo estratega, poeta. “Yo venía envuelto en el manto de iris, desde donde paga su tributo el caudaloso Orinoco al Dios de las aguas. Había visitado las encantadas fuentes amazónicas, y quise subir al atalaya del Universo”,  escribe en su Delirio en el Chimborazo. Ecuador, en 1822.

Este texto designa su visión, su misión histórica vigente en el devenir del tiempo. “He pasado a todos los hombres en fortuna, porque me he elevado sobre la cabeza de todos. Yo domino la tierra con mis plantas; llego al Eterno con mis manos, siento las prisiones infernales bullir bajo mis pasos, estoy mirando junto a mí rutilantes astros, los soles infinitos; mido sin asombro el espacio que encierra la materia, y en tu rostro leo la historia de lo pasado y los pensamientos del destino… Un delirio febril embarga mi mente; me siento como encendido por un fuego extraño y superior. Era el Dios de Colombia que me poseía.”

Bolívar y Manuela Sáenz están unidos históricamente, carnalmente, el uno con la una, el otro con la otra. Luchadores por la independencia, por la patria grande, cohesionada en la Cordillera de los Andes como una la gran columna vertebral. Manuela se definía: “patriota y amante de usted” y Bolívar le decía, “mi amable loca”.  Bolívar no amaría nunca más a otra mujer. Manuela tampoco, la teniente coronel murió sola, en Paita, en el  mar peruano, olvidada. Ricardo Palma la visitó, escribió sobre sus últimos días.

Simón genio en las artes de la guerra, Manuela, también política y guerrera, con amplia cultura, escribana, bibliógrafa, pulcra amazona; quiteña de nacimiento, halconera de alto voltaje, atestigua: “Lo que es de mi país es del continente de la América, y he nacido bajo la línea del Ecuador. Lo atestiguo con mi vida misma.”  Bolívar vivió enamorado desde que conoció a Manuela: “Esta mujer me domó, sí, ella, supo cómo la amo”. Ella estuvo presente en la Batalla de Ayacucho, donde se destacó militarmente y fue encumbrada como Teniente Coronel a solicitud del Mariscal Sucre.  

Bolívar poeta enamorado, guerrero delirante, nunca menoscabó su misión en Suramérica, testificó grandeza, virtudes de combate, de visión política. Con gloria, subió el 26 de octubre de 1825 en acto solemne al Cerro Rico de Potosí, escribiéndole posteriormente a su musa amada: “Allá, arriba, sentí tu presencia moviendo las banderas”. Manuela signo de amor y de libertad: “La Libertadora del Libertador”. Honor a los valientes guerreros del amor y la libertad.

Después de la gloria, la soledad prometeica de Bolívar en Santa Marta ese diciembre de 1830, su última carta a Manuela a quien le pide encarecidamente: “Te veo aunque lejos de ti. Ven, ven, ven luego. Tuyo en el alma Simón Bolívar.”  

* Poeta y cineasta