Desde el inicio mismo de este siglo, es decir hace algo más de dos décadas, la ciudad de La Paz, sede de gobierno del Estado, se encuentra librada a su suerte, abandonada por sus autoridades ediles y a merced de otros intereses que no son precisamente los que requiere una urbe de esta importancia para su crecimiento.

Uno de los problemas más cruciales por los que ya atraviesa la urbe, problema que crece más cada día que pasa, está referido a la carencia de vías de desplazamiento rápido dentro de la ciudad y desde ella hacia otros sectores de particular importancia en la actividad de los ciudadanos paceños; para decirlo en otras palabras, se requiere contar con un plan vial que comprenda nuevas avenidas, vías rápidas, pasos a nivel, rutas elevadas, distribuidores, una infraestructura que permita ver el futuro con cierto optimismo.

El centro paceño hace rato que colapsa en determinadas horas del día debido a una anárquica y caótica organización del transporte público, por una parte, pero fundamentalmente porque desde hace muchos años nadie se puso a pensar en que la ciudad crecería y que este colapso llegaría más pronto que tarde. Con seguridad que aún se pueden plantear soluciones, creativas y prácticas, que van desde la construcción de alternativas que eviten el congestionamiento en la vía principal de la ciudad, desde el inicio de la avenida Montes, la Mariscal Santa Cruz, El Prado hasta llegar a San Jorge, o de medidas de ordenamiento del transporte público. No hacerlo de manera urgente significará que en muy breve plazo sea imposible encontrar soluciones.

Pero también hay otras necesidades de infraestructura vial que son urgentes y que abren mejores posibilidades de solución. El desplazamiento del centro de la ciudad hacia la zona Sur, de ida y vuelta, ya es un problema en las horas “pico”. Las rutas actuales son insuficientes y no se conocen propuestas para generar nuevas vías rápidas, por ejemplo desde la zona de Miraflores hacia Irpavi II y poder extender en esa dirección otras rutas, que permitan llegar al resto de la zona Sur de manera más expedita.

Más allá de la zona Sur paceña, la urbe ha crecido, y sigue haciéndolo de manera vertiginosa, llegando a sectores como Mallasilla, Mallasa, hasta Río Abajo, o al otro lado por Achocalla hasta llegar a El Alto. La situación es totalmente complicada para quienes desde esas zonas deben llegar al centro y viceversa. Hace tiempo existe la idea de una autopista que vaya por encima del río, pero al parecer fue observada por quienes habitan algún barrio considerado exclusivo en ese sector. Igualmente, la ruta de Mallasilla, vía Achocalla, hasta la zona de Molino Andino en El Alto, constituye una alternativa importante para unir el sur de la ciudad y zonas aledañas con la urbe alteña, pero se requiere aquí también cuando menos una doble vía, puesto que la circulación de vehículos de alto tonelaje torna la actual carretera no solo lenta, sino de alto riesgo.

Alguien debe tomar la iniciativa y, por su rol estratégico, todo parece indicar que debiera ser el municipio paceño para liderar una verdadera metropolización con los municipios vecinos e involucrar a la Gobernación en lo que corresponda, para generar propuestas, planes y proyectos que apunten a resolver en un plazo no mayor a los cinco años este grave problema que amenaza con paralizar la ciudad con todos los problemas. Hay que advertir que no hacerlo es verdaderamente peligroso para la supervivencia de los paceños y no paceños que habitan esta urbe y sus alrededores.