Mensaje a la nación pronunciado por la presidenta constitucional Jeanine en ocasión del 22 de enero de 2020 – Edición impresa

El 12 de noviembre de 2019, el pueblo boliviano comenzó a escribir un nuevo capítulo de nuestra historia democrática y de libertad para todos los ciudadanos sin importar su origen ni su raza ni su credo ni de dónde viene.

No ha sido fácil, pero lo hemos logrado con la fuerza que nos otorga la fe y el saber que estamos trabajando por el beneficio de toda Bolivia, no a favor de unos ni contra otros.

Cuando asumí la Presidencia Constitucional de Bolivia, en un estado de convulsión muy grande, fomentada por quienes se resistían a escuchar la decisión de los bolivianos, me encomendé a Dios para que me diera fuerzas y me iluminara.

Mi objetivo era lograr la paz. Oré mucho, muchas veces de rodillas. Tuve que tomar decisiones con firmeza, pero ustedes saben, incluso mejor que yo, pues vivían la violencia en carne propia, que no había otro camino.

Nuestro norte ha sido derrotar a la violencia sin usar violencia. Unirnos, acabar con las divisiones para que todos puedan vivir tranquilos.

Es por eso que desde que llegamos al Gobierno tomamos acción para retomar la tranquilidad en el país, usando la fuerza de la ley y el diálogo. Dos herramientas vitales que nunca debemos abandonar en beneficio de todos.

Construir el país que los bolivianos nos merecemos implica comprometerse con manejar los recursos públicos con transparencia, rendir cuentas y combatir la corrupción en su origen.

Cuando se asume la función pública es para proteger y cuidar al pueblo, no para robarle, quitarle el pan de la boca, ni mucho menos agredirle.

Los bolivianos queremos paz y eso solo lo logramos en democracia y libertad.

Y no quiero comenzar a hablar de los tiempos que vivimos sin expresar mis sentidas condolencias a los familiares de los bolivianos que fallecieron en estos días de crisis. Sentimos mucho dolor por las pérdidas sufridas, las cuales debemos tener siempre presentes. No solo por honrarlos sino también para evitar que vuelva a suceder otra desgracia parecida.

Y es que durante los días de la crisis más grande que Bolivia vivió en su era democrática, se produjeron actos que solo pueden calificarse de terrorismo. Así fue, por ejemplo, la instructiva para cercar a las ciudades con el objetivo de matar de hambre a sus habitantes o cortarles el agua o el llamado a organizar milicias armadas para acabar con quienes no piensan igual.

Después de la lucha pacífica que usted señora, que usted señor, que ustedes jóvenes valientes ganaron en las calles sin disparar ni un solo proyectil ni cometer ningún acto vandálico, se produjo la sucesión constitucional siguiendo estrictamente el procedimiento previsto en la Constitución Política del Estado.

Como saben, soy una mujer de ley, abogada; por eso todas las decisiones que se aprobaron a partir de esa fecha se apegaron a la normativa vigente en el país y algunas de las determinaciones han ido en consulta ante el Tribunal Constitucional. Que no quede duda alguna del carácter democrático y respetuoso de todos los poderes del Estado y todas las instituciones que la democracia dispone en ese no siempre fácil equilibrio entre los pesos y contrapesos de la institucionalidad democrática boliviana.

Hemos encontrado el país en un estado francamente complejo y difícil.

Nos mintieron 14 años sobre el real estado de la economía, de las reservas de gas y de la producción de los recursos naturales. Nos entregaron un país con seis años continuos de déficit fiscal y cinco años de déficit comercial. Bolivia tuvo en estos 14 años cinco veces más ingresos, pero los bolivianos no tenemos cinco veces mejor salud, ni mejor educación ni mejores empleos.  

Desde 2008 el Gobierno central confiscó casi el 90% del IDH a las gobernaciones. Eso significó más de 3.500 millones de dólares, que se convirtió en una especie de subvención de los departamentos al Tesoro General del Estado, para financiar el derroche del grupo privilegiado del MAS que era una élite en la cual, paradójicamente, no estaba incluido ni un solo representante indígena.

Hemos actuado para destapar las ollas de corrupción del Gobierno pasado. Y lo que hemos descubierto es lamentable. El abuso de poder para usar recursos públicos a favor de un partido político, financiamiento con dinero del pueblo boliviano a partidos políticos extranjeros, entre otras cosas, es bochornoso.

Hemos hallado también centenares de casos de corrupción sin ninguna responsabilidad. Parecería que lo que aquí hemos vivido fue un mundo irreal donde para robar no se agotaba el ingenio ni la complicidad.

Particularmente me sorprende la actitud canalla de un senador del MAS que se ha inventado el nombre de un pueblo para construir obras fantasmas con dinero del Fondo Indígena. ¿Quién controlaba esos recursos? ¿A quién rendía cuentas ese senador?

Los casos de corrupción son innumerables. Voy a mencionar algunos, que no son solamente los de mayor daño al Estado, sino que reflejan el nivel de arbitrariedad y sinvergüenzura al que llegaron.  

La Planta de Urea y Amoniaco

Recibió una inversión de más de $us 1.200 millones.  Tendría que haber estado en Puerto Suárez desde el punto de vista comercial, porque su principal mercado es Brasil, y el área de influencia es Santa Cruz. Por una decisión política se aumentan 800 km al proyecto y se lo traslada a Bulo Bulo, y se provoca un enorme daño a la economía de los bolivianos, porque al tener que construir el tendido para el ferrocarril el daño se incrementa en por lo menos 300 millones adicionales.   

La Empresa Nacional de Telecomunicaciones

Los ingresos de Entel se convirtieron en una especie de caja chica del Movimiento al Socialismo (MAS). Se produjo un daño económico al Estado de 1.700 millones de bolivianos durante la administración de Morales.

Se hizo una millonaria inversión en telecentros para llegar con internet al área rural y solamente el 35%de esos centros funcionan esporádicamente y el restante 65% de esas obras no funcionan.

El costo de internet, que es el más caro y más lento en la región, también ha sido botín de guerra. Bolivia pagó cada DPS una media de 27 dólares, cuando en realidad solo debería pagar 3,80 dólares. Esa diferencia ocasionó el daño de Bs 350 millones por compra de servicios de internet.

La planta procesadora de las bombas Molotov en el Ministerio de Culturas

Hemos identificado los delitos de fabricación, almacenamiento de diésel y gasolina, incumplimiento de deberes y organización criminal. Todo esto ocurría nada menos que en el Ministerio de Culturas, que por lo que hemos descubierto solamente fomentaba la cultura de la violencia.
Los falsos médicos cubanos

El programa firmado con Cuba, que incluía el trabajo de médicos, comunicadores y técnicos, según declaraciones oficiales, ahora nos revela que menos de un tercio eran profesionales de la salud.

Tenían un salario de 1.040 dólares, un viático de 68 bolivianos por día, y gastos de transporte aéreo pagados por el Estado, haciendo un total de unos 9.000 bolivianos por cada uno de ellos. Pero solamente el 20% de ese monto llegaba a la brigada cubana, el resto del dinero, es decir el 80%, era desviado para financiar el castro comunismo, que tiene sometido y esclavizado a su pueblo.

En más de 13 años, el gobierno de Evo Morales nunca informó sobre cuánto pagaba a las brigadas cubanas, cuáles eran los alcances de los convenios o cómo era el procedimiento de pago.

En 13 años pagamos 147 millones de dólares a la Embajada de Cuba.  Con ese dinero pudimos haber practicado 7.355 trasplantes renales en todo el país. Lo que habría representado la mitad de los pacientes renales de Bolivia.  

Estos son solo ejemplos para ilustrar la situación de lo que hemos encontrado y que seguimos hallando.

Y que quede claro a todos los bolivianos: no me tiembla ni me temblará la mano en proteger los recursos de aquellos que buscan usarlos para su enriquecimiento personal e ilegal o para promover sus agendas políticas. Esos tiempos ya pasaron. Sé que esto implica enfrentar a gente poderosa, pero entendí que ese era uno de los retos al asumir este cargo.

Aquí estamos para invertir en la salud, en la educación, en generar empleo para nuestro pueblo y así seguiremos haciéndolo.

Esas prácticas de dividir al país han sido y continúan siendo un obstáculo de progreso y crecimiento. No podremos nunca alcanzar nuestra capacidad máxima si unos empujan para un lado y otros para otro.

Por eso este Gobierno constitucional que presido se ha fijado tres objetivos para unir al país: la pacificación, las medidas orientadas hacia la transición democrática y la gestión eficiente y honesta del aparato estatal.

En democracia, hay que saber ganar y hay que saber perder. El pasado mes de octubre fuimos testigos, una vez más, de cómo alguien que no sabe perder, buscó manipular el voto para perpetuarse en el poder, ejecutando el más grande engaño y fraude de la historia democrática de Bolivia. Evo Morales es el autor del fraude. Y no solamente una vez. Lo ha sido dos veces. La primera cuando se burló del 21F el año 2016. Y la segunda, el 20 de octubre del año pasado.

Por eso las nuevas elecciones son una prioridad. Hasta el momento, decimos con orgullo, toda la responsabilidad que nos correspondía ya la hemos cumplido. Hemos presentado ante la Asamblea Legislativa la Ley de Régimen Especial y Transitoria para la Realización de las Elecciones. Fue aprobada por consenso.

He designado al doctor Salvador Romero como representante ante el Tribunal Supremo Electoral y otros nueve delegados ante los Tribunales Departamentales. Hemos elegido con mucho cuidado a cada uno de ellos, precautelando que sean personalidades con reputación intachable e imparciales.

He garantizado el apoyo presupuestario que se requiere para la realización de las elecciones nacionales, y trabajé conjuntamente a mi equipo de colaboradores y el propio Tribunal Supremo Electoral gestionando recursos de la comunidad internacional que ya ha comprometido ese respaldo.

Finalmente, las elecciones del 3 de mayo de este año se convertirán en el proceso electoral boliviano abierto, mejor acompañado y más observado de toda nuestra historia.

Por esa razón, he pedido a los ministros de Defensa Nacional y de Gobierno que organicen un plan conjunto antes, durante y después del 3 de mayo para que el voto de los bolivianos sea resguardado. Un voto resguardado se convierte en un voto respetado.  

Aplaudo la participación comprometida de Naciones Unidas, de la Organización de los Estados Americanos, de la Unión Europea, de los gobiernos europeos, que también me han buscado para expresarme su respaldo; de Estados Unidos, del Centro Carter y de la propia Iglesia católica.

Tengan la certeza de que se podrá votar y elegir sin miedos ni temores. Tu voto será ejercido y contabilizado en libertad.

La salud es una prioridad para las familias bolivianas. Como madre de dos hijos, sé lo que se sufre cuando alguien cercano se nos enferma.

He dispuesto que el 10% del Presupuesto General de la Nación sea destinado a la salud de los bolivianos. Demostramos que esta medida era posible con voluntad y un eficiente manejo técnico.

Este incremento es el mayor aprobado para el sector de Salud. Ahora nos toca el desafío de ejecutarlo de manera eficiente y rápida, atendiendo las grandes prioridades que los bolivianos tenemos en esta materia. Este es apenas el primer paso. Es un paso gigante. Pero necesitamos hacer esto mismo, cada año, hasta ir acortando las grandes brechas en la atención médica.

Culminamos con éxito el año escolar a pesar de la crisis. Nos preparamos para reiniciar el nuevo calendario escolar para aportar, como Gobierno, a la buena educación y futuro de las nuevas generaciones.  

El Gobierno ha dispuesto la reducción de las tarifas de electricidad en un nivel que va del 13 al 50%, beneficiando a más de 2 millones de bolivianos y sin afectar a las generadoras ni distribuidores de energía eléctrica. La reducción de tarifas también ayudará a las empresas para que tengan más capacidad de generar empleos.

He instruido el análisis del estado de situación de las empresas públicas para protegerlas y potenciarlas.

En el área del gas, encontramos una práctica de buscar plata urgente pero un negocio decadente. Esta política hipotecaba el futuro de la familia boliviana. Es decir, era el pan de hoy, pero el hambre de mañana.

Nos ha tocado sincerar las reservas certificadas de gas e iniciar la profesionalización de la administración de la empresa petrolera de los bolivianos, lo cual nos ha permitido recuperar confianza en el mercado y garantizar un importante ingreso adicional.

Aun en la difícil situación económica, mi gobierno ha pagado y seguirá pagando todos los bonos vigentes de beneficio a los bolivianos, así como también dará continuidad a todos los proyectos comprometidos, siempre en el marco de la ley.

Los bolivianos merecen vivir tranquilos. Soy una convencida de que la crisis de la inseguridad ciudadana en el país tiene solución. No estamos condenados a vivir con miedo. Las familias bolivianas merecen caminar de noche tranquilas.

He instruido una política de mano dura contra el narcotráfico y el narcoterrorismo sin ceder espacios ni retroceder en este camino.

Los resultados los estamos viendo rápidamente. Se produjeron operativos planificados que permitieron descubrir grandes fábricas de cocaína. Una de ellas tenía capacidad de producir media tonelada de cocaína al día. La otra producía una tonelada de cocaína diariamente.

La industria que más ha crecido en estos últimos 14 años ha sido la industria de la cocaína.  

El Gobierno también ha extraditado sin dudar a dos poderosos narcotraficantes y tiene otros narcotraficantes listos para ser extraditados.

Promover el turismo no es solo una forma de mostrar nuestro bello país y su gente, sino de generar ingresos y nuevas oportunidades de trabajo. Vimos el efecto negativo que surtieron las visas a Israel y Estados Unidos. Hemos decidido eliminarlas y ya estamos comenzando a ver cambios importantes y beneficiosos para el país.

Mirando el futuro, he instruido que se simplifiquen los trámites para crear nuevos emprendimientos en el país. Actualmente, crear una empresa nos demanda 45 días de burocracia.

Con el nuevo sistema nos tomará hasta 72 horas y podremos hacerlo en línea.

También he pedido al Servicio de Impuestos que elimine esa práctica de persecución y extorsión a los bolivianos. Y no quiero dejar de mencionar a la política exterior. Las relaciones internacionales tienen que servir para tener un mejor país. Para generar intercambios beneficiosos y crecimiento interno. No están para el beneficio coyuntural de los gobernantes ni la promoción de sus intereses políticos particulares.

Por esa razón, estamos cambiando la agenda geopolítica de Bolivia a cultivar el intercambio productivo, lo cual nos ha llevado a romper con dictaduras como Venezuela y expulsamos a quienes pretendieron tener injerencia en nuestros asuntos. Bolivia es hoy un país que se respeta en el mundo y que nadie debe subestimar. Tenemos un país verdaderamente soberano, donde la seguridad interna está en manos de los bolivianos capaces y no en grupos de Inteligencia cubana o venezolana, como lo hizo el régimen anterior.

Podría seguir enunciando muchos logros en tan poco tiempo. Estamos contentos. Podemos dar la cara y decir con orgullo que hemos avanzado por el camino correcto.

Los bolivianos hemos sido capaces, a lo largo de nuestra historia, de vencer todos los obstáculos. Somos un pueblo fuerte, somos un pueblo que no se rinde ante la adversidad.

El año pasado, fuimos capaces de derrotar un fraude electoral. Fuimos capaces de derrotar a un Gobierno autoritario que pretendía quedarse eternamente en el poder. Fuimos capaces de derrotar a la violencia y de implantar la paz. Fuimos capaces de recuperar la libertad y la democracia.

Y fuimos capaces de recuperarnos del desaliento que nos provocó el fallo del Tribunal de La Haya, que nos arrebató nuevamente la salida al mar.

Todo esto fue un golpe de dimensiones históricas provocado por un Gobierno irresponsable que solo buscaba la forma de quedarse en el poder. Pero aun así nos recuperamos y no perdimos la fe en nuestros objetivos.

Hoy muchos bolivianos ven con incertidumbre lo que nos espera. Créanme, no tienen por qué. Bolivia va a salir adelante. Nadie dice que no habrá dificultades, pero ¿quién no las tiene?

Debemos ver el futuro con optimismo. Si hemos podido liberarnos de un destino como el de Venezuela, podemos estar seguros de que la paz, la libertad y la democracia han llegado para quedarse.

¡Bolivia tiene más futuro que pasado!

Durante las últimas semanas he estado promoviendo el consenso de los actores políticos para consolidar la democracia y la libertad que ahora respiramos.

No voy a dudar un solo momento en seguir recorriendo el camino del consenso y protegiendo la estabilidad que hemos construido y la tranquilidad con la que estamos viviendo.

Y no puedo despedir estas palabras sin presentar mi agradecimiento.

Estoy profundamente agradecida a todos los bolivianos por el impulso que entre todos estamos poniendo para esta etapa de pacificación y reconciliación del país.

Estoy agradecida a los jóvenes. Sin ellos el cambio y la pacificación no hubiera sido posible.  

Estoy agradecida a los pueblos indígenas que han acompañado este proceso con sabiduría y decisión firme.

Estoy agradecida a la mujer boliviana que desde tantos escenarios ha puesto fuerza y sentido común a este momento de reconciliación y pacificación entre los bolivianos.

Estoy agradecida a las familias bolivianas que han superado el temor y han rehecho sus vidas en la normalidad.

Estoy agradecida a los trabajadores de Bolivia que, junto a profesionales, empresarios pequeños, medianos y grandes, han impulsado la economía para dar trabajo y bienestar.

Estoy agradecida a cada departamento del país por aportar desde donde toca a la convivencia pacífica y a la armonía.

Estoy agradecida a la Policía y a las Fuerzas Armadas que han resguardado la Constitución Política del Estado y han cumplido fielmente su subordinación y constancia ante el orden democrático de Bolivia.

También agradezco a los periodistas y a los medios de comunicación social, que aun en situación de extrema dificultad han demostrado su compromiso firme con la democracia.

Por último, estoy agradecida con mi familia. Gracias por apoyarme cada día. Por alentarme cada vez que acabo mi tarea como Presidenta Constitucional de Bolivia. Gracias por tanto amor.

Muchas gracias a todos.

Tengo fe en Bolivia.

Que Dios bendiga a nuestra amada patria.

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