Por: Emilio Rodas Panique /

El parto autonómico no fue sencillo, lo más difícil y complejo es desagregar poder en cualquier disputa, mucho más cuando el debate sobre la organización territorial del estado está pigmentado con crisis políticas inconclusas o en desarrollo, en 2005 asistimos a la crisis terminal del modelo neoliberal y su expresión política única que era la democracia liberal o formal representativa, la emergencia de un nuevo modelo de estado intentó ser cruzado por el bloque decadente parapetándose en la demanda autonómica, este secuestro de una demanda legitima de las regiones complejizó y dificultó el debate y la comprensión histórica entre dos agendas que sin esa contaminación lograron complementarse y potenciarse, el estado plurinacional emerge con el componente autonómico como materialización de una nueva relación de poder entre el centro, las regiones, lo local e identitario.

Los modelos de estado no son consecuencia de ocurrencias coyunturales de los actores políticos, responden a procesos históricos construidos y acumulados en tiempos largos de maduración, con la recuperación democrática de 1982 viene aparejada la demanda de elección directa de alcaldes, promediando esa década (Jornadas Santa Cruz 2000) comienza a proyectarse la idea de la descentralización como demanda regional, en 1994, el centralismo cruza la demanda regional con la desagregación a nivel municipal mediante la Participación Popular, en 1996 la supuesta ley de descentralización (Que los cívicos celebraron repicando campanas en la catedral) no les dio nada y más bien el centralismo desde su prefectura concentró lo único que la región poseía con determinada autarquía que eran las Corporaciones de Desarrollo, pero la idea del autogobierno siempre se mantuvo en agenda y se fue consolidando de manera legítima hasta su secuestro político por parte de los grupos en repliegue.

Con el régimen autonómico se han consolidado 4 niveles de gobiernos subnacionales, en esta gestión hemos elegido la tercera gestión de Gobernadores Autónomos y Asambleas Departamentales, no todos los departamentos han aprobado sus estatutos autonómicos, A nivel municipal hay un largo camino que recorrer en cuanto a Cartas Orgánicas, se han consolidado Autonomías Indígenas consolidando el valor identitario en la conformación del autogobierno con usos y costumbres, se ha consolidado una Autonomía Regional en el Chaco, lo más importante de todo es el haber configurado un marco competencial por primera vez determinado con claridad y la complejidad inicial se ha ido clarificando con sentencias constitucionales que han venido a perfeccionar la comprensión jurídica de estas contradicciones.

Uno de los pendientes ha sido el lograr capacidad de gestión subnacional, no es fácil construir capacidades institucionales de la noche a la mañana, mucho más cuando se está construyendo un nuevo estado, además en condiciones en que estas desagregando poder, no hay que olvidar que estamos desestructurando un tipo de estado que ha subsistido más de 180 años de lo cual lo más complejo es desmontar el paternalismo centralista intrínseco en la mentalidad funcionaria tecnocrática, ese desafío aún no ha sido cumplido por el nivel subnacional plenamente y por el contrario en los niveles departamentales se ha traducido en una atrofia institucional funcionaria que ha consumido gran parte de los recursos sin resultados efectivos de impacto en los indicadores de desarrollo.

En el caso cruceño se ha presentado una doble interpretación del proceso autonómico, por un lado una relación demandante y conflictiva desde la Gobernación hacia el Gobierno Central y por otro lado una relación mezquina y poco horizontal con relación a las provincias y municipios de su jurisdicción, la Gobernación no acepto incorporar al estatuto la elección de Sub Gobernadores en las provincias, lo cual refleja que se es autonomista hacia a La Paz pero centralista con las provincias, pero además en la asignación de recursos departamentales se aplicó la tabla 50, 40, 10 solo después de que la Gobernación se había comido más del 87% del presupuesto departamental por regalías, incluso con esta distribución inequitativa hay una larga agenda de compromisos incumplidos desde la gobernación en proyectos concurrentes con los municipios mediante recursos de regalías, este ha sido un factor de conflictividad permanente entre alcaldes y gobernador que nunca ha sido resuelto, pues cuando surge la demanda se acusa al centralismo por la falta de recursos.

Hay todavía un largo camino que recorrer en la consolidación del régimen autonómico, lo cierto que el tipo de estado se encuentra en proceso de implementación y ha representado un salto cualitativo histórico y necesario para las grandes transformaciones que la sociedad boliviana viene afrontando, un debate serio debe partir de una honesta medición de los avances de la autonomía y sus posibilidades, abordar este debate en los espacios institucionales que la propia constitución y las leyes han definido para ello, el Consejo Nacional de Autonomías debe ser reinstalado, trasladar allí todas las complejidades o contradicciones, para que el modelo de estado autonómico no sea usado como bandera partidaria en urgencias coyunturales, estamos lejos de una crisis estatal que amerite reinventarse con urgencia, hay suficiente margen para afrontar este momento en el molde que hemos acordado en nuestro proceso refundacional del Estado Plurinacional con Autonomías. (Emilio Rodas Panique es analista político)