masacre Tolata

Jackeline Rojas Heredia

“Morir a bala antes que de hambre”, “Queremos pan”, fueron los estribillos entonados a gritos por los campesinos del valle cochabambino durante los días de protesta que precedieron a la matanza de decenas de personas un 29 de enero de 1974 en las poblaciones de Epizana y Tolata, y en distintos puntos de bloqueo.
Días atrás la Cinemateca Boliviana proyectó la película documental Señores generales, señores coroneles, del director Alfonso Gumucio Dagrón.
En 70 minutos se resumen los hechos sangrientos de la dictadura de Banzer y el contexto de ese período;  una edición más fotográfica que cinematográfica permite conocer testimonios de los protagonistas y líderes de entonces.
La obra forma parte de una serie de producciones que tienen el objetivo de refrescar la memoria. 
Otro documento sobre la base de notas periodísticas de Los Tiempos y Prensa Libre, producido por la Asamblea Permanente de Derechos Humanos (APDHB), tiene el título de La Masacre del valle – Caídos pero no vencidos. 
La recopilación recuerda el papel fundamental del agro cochabambino, el valle alto como pionero de la sindicalización campesina de Bolivia  (el primer sindicato campesino nació en Ucureña en 1936) y la influencia decisiva para consolidar la reforma agraria en 1953.
Veinte años después, durante la profunda crisis económica que vive el país desde 1972, debido a la devaluación de la moneda y a la política del general Hugo Banzer, en enero de 1974, mes especialmente duro para los campesinos porque se les agota el remanente de las cosechas y escasean los alimentos, el dictador impone medidas.
“La gota de agua que hizo rebalsar la probada paciencia campesina fueron los decretos dictados por el gobierno el día 20 de enero de 1974; los precios del azúcar, el arroz, la harina, los fideos y el café subieron en 100%”, testimoniaría la APDHB.
Banzer se apoyó en el “pacto militar campesino” y en su poder de manipulación para elegir a los propios dirigentes campesinos a dedo y no por voto. Su aliado, Ciríaco Guzmán, asumió como secretario ejecutivo de la Federación de Cochabamba; pese a ello, el dirigente no pudo ignorar las necesidades de su sector. Encabezó protestas contra el Gobierno, pero luego se rindió al ser llamado a La Paz y recibir, junto a otros, montos de dinero para callar a los campesinos. 
A partir de ahí, el autor realiza un recuento cronológico de los días, municipios y comunidades que iniciaron las acciones de protesta contra los decretos de hambre.
 Incluso menciona que el 21 de enero muchas señoras se concentraron en la plaza Murillo en protesta contra la medida de Banzer. 
El dictador no retrocede y en Cochabamba los obreros inician acciones. Los trabajadores de la fábrica Manaco salen a las calles. Se les suman trabajadores de Quimbol y de Fino y hay diversos amagues de enfrentamientos con los soldados de la guardia de seguridad, encabezados por el coronel Mustafá. 
La Iglesia Católica se pronuncia: monseñor  López de Lama, presidente de la Comisión Episcopal de Estudios y Acción Social, denuncia la política económica de Banzer. Otro pronunciamiento lo hace el movimiento obrero católico encabezado por monseñor Wálter Rosales. 
El 25 ya se observa la llegada de tanques, desfilan el  regimiento blindado Tarapacá de La Paz y tropas del CITE, mientras continúan los intentos de diálogo. 
El 29, los tanques se acercan a campesinos que bloqueaban puntos de tráfico en Tolata y Epizana e inician los disparos.
“Hemos visto montones de cadáveres amontonados como leña”, dijo un soldado cuando fue interrogado. 
Hay documentos que refieren 86 muertos; otros, más de un centenar.
Los desaparecidos jamás retornaron. 
Ése fue otro episodio de luto y dolor para el país y más para Cochabamba.