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Es escritor, docente, investigador y un enamorado pleno de la riqueza pluricultural que existe en el país, principal fuente inspiradora para la creación de nuevas narrativas.

Pronto presentará un nuevo libro de cuentos y una novela ambientada en la Guerra del Acre.

Jackeline Rojas Heredia

La lluvia no se definía si cesar o continuar esa tarde de carnaval en Cochabamba, cuando llegué a casa del escritor y antologador Adolfo Cáceres Romero. 
Fui recibida con mucha jovialidad y afecto, su esposa tenía lista la mesa con café y un queque de vainilla recién horneado. De entrada, el diálogo giró en torno a los libros, los que leí y los que no. Sobre el ego y sobre aquellas pequeñas venganzas entre escritores que genera, muchas veces, el desconocimiento de obras y de autores que nutren la riqueza literaria de Bolivia. 
Las palabras de Cáceres fluían y se desbordaban sin pausa, de una historia a otra, de sentires y anécdotas.
¿Qué me llevó ahí? Mi curiosidad por conocer al escritor que se encargó de investigar, recopilar y editar gran parte de obras casi perdidas en quechua, aymara y guaraní. Aunque ese fin sólo represente una mínima parte de su trabajo.
De nacimiento es orureño, pero fue distinguido como ‘ciudadano cochabambino meritorio’. Además de ser docente de Literatura, es experto en gramática española y tiene más de 20 títulos producidos en los géneros de novela, cuento e investigación. En 1967 obtuvo el Premio Nacional de Cuento, otorgado por la Universidad Técnica de Oruro, por su obra La Emboscada. En 1969, su novela La Mansión de los elegidos quedó entre las finalistas del Premio Nacional de Novela Erich Guttentag, comentada por el escritor peruano Mario Vargas Llosa, miembro del tribunal calificador. En 1982, su cuento Entre ángeles y golpes mereció el premio Franz Tamayo de la Alcaldía de La Paz. En 2009 ganó el Premio Nacional de Novela Marcelo Quiroga Santa Cruz con El Charanguista de Boquerón, entre otros, además sus obras forman parte de antologías extranjeras traducidas al alemán, noruego, inglés, francés, japonés y croata. 
Más allá es un hombre dedicado a la investigación permanente, actualmente produce una novela ambientada en la Guerra del Acre. Mi asombro se incrementó cuando hallé junto a su computadora un libro de tapa negra muy antiguo sobre esa contienda bélica con Brasil que fue escrito por Nicolás Suárez, quien a su vez no sólo participó en ese evento histórico, sino que fue el magnate de la goma en el tiempo en que la población de Cachuela Esperanza, en Beni, se convertía en una ciudad cosmopolita de la que hoy poco se conoce. 
Cáceres me dijo que encontró ese ejemplar ‘único’ entre los libros viejos que se comercializan en el pasaje del correo en Cochabamba, que en bibliotecas y otros lugares no encontró nada similar. En general existe poca bibliografía que abunde en detalles históricos sobre la Guerra del Acre, peor aún no se ha escrito novela relacionada con el hecho, según Cáceres.
El escritor presentó el pasado año la Antología de Cuentos extraordinarios de Bolivia, que la hizo junto al también escritor y antologador Homero Carvalho Oliva. 
También el texto de cuentos propios La Madre del Layme y la novela La División Errante, ambientada en la Guerra del Pacífico. Se ha dedicado por muchos años a escribir la historia de la literatura nacional en varios tomos y nuevas reediciones desde antes del período colonial, la producción de las letras durante esta etapa, el período de la República hasta el presente. En la próxima Feria del Libro en Santa Cruz, Cáceres Romero presentará cuentos históricos que comienzan en los tiempos míticos, desde la época anterior al incario, de Tiwanaku. “Cuando los españoles llegaron ya encontraron la ciudad deshabitada, no se sabe mucho de esa cultura. Ahí inició con dos cuentos”, anunció para luego proseguir su relato con la Puerta del Sol. “Lo llaman la puerta de la vida, ahí inicia esta cultura, la de los hombres azules. Antes no había la luz, sólo la oscuridad, entonces los hombres se veían azules por el brillo de la luna, hasta que descubren la Puerta del Sol, cruzan y se hace la luz. Todos los pueblos inician con mitos, como la gran Grecia. Luego está el período colonial, parte de la independencia y en la República inició con la Batalla de Ingavi”, explicó con un inmenso entusiasmo revelado en el tono de su voz. Hablar de la obra de Adolfo Cáceres Romero es una materia que se deberá realizar por capítulos, por ahora recorrer sus letras en una edición de sus cuentos dice más de lo que acá pueda expresarse.

La Madre del Layme
Integra 11 cuentos que guían al lector por caminos transitados por aquellos por los que se suele pasar sin ver, recorridos interiores hacia los invisibles, las mujeres, la cotidianeidad que no permanece, sino que se transforma y nos embarga en momentos de sobrecogedora tensión y dolor que a su vez fortalece la esencia humana, la raíz de donde se revela el coraje, herencia de vientre femenino. 
Sólo un cuento, suman tres, pero luego sin uno notarlo se llega al último para quedar con una mezcla de sentimientos y unas ganas inmensas de continuar la lectura que se bifurca en caminos infinitos, que provoca necesidades nunca satisfechas por completo, pero que rememora en el interior de quien lee ese núcleo, ese sentimiento de tierra, de origen, de madre, de patria.
Cáceres dedica cada uno de sus cuentos en La Madre del Layme a escritores bolivianos. Sus personajes son diversos, una joven pastora del área rural cuyo destino se enlaza al conflicto entre laymes y qaqachacas, una joven clefera, una madre de un hijo asesino, otra de un rockero, una niña en lo último de su resistencia al cáncer, son cuentos que se disfrutan, se viven, se palpan en la piel de este tejido pluricultural boliviano, fuente inagotable para los creadores. Y por supuesto esos cuentos son sólo el ejemplo y la antesala en espera de la publicación de su novela sobre la Guerra del Acre.