HEROES-1

 

Fernando del Carpio Z. – Edición impresa

icardo, de 30 años, decidió sumarse a la protesta como un ciudadano más, pero en su condición de médico siempre estuvo en la Resistencia, marchando y en las vigilias desde que se amotinó la Unidad Táctica de Operaciones Especiales (UTOP), en las inmediaciones de la plaza Murillo. Después de todo lo sucedido considera que el momento es político y en esa línea se debe conformar un frente amplio para dejar atrás los casi 14 años del MAS.

“Siempre salía con mi botiquín médico a las marchas, donde habían gasificaciones, tengo todo preparado en mi mochila para atender cualquier herida. Las mayores atenciones tenían que ver con resfriados, luego dolencias musculares, fatiga de la gente, había mucha gente tensa, ansiosa”, cuenta.

Los mayores casos de emergencia se presentaron  después de que a una persona le rompieron la cabeza con una pedrada en una de las marchas que pasaban por el centro, “le hice una sutura y le envíe a una clínica”, y también a dos policías heridos, a consecuencia de pedradas.

Recuerda que también se movilizaron algunos de sus colegas del Colegio Médico, con quienes coordinaba la atención en “las ocho entradas a la plaza Murillo”. Él, por su parte, realizaba patrullajes por todos esos sitios para ver si alguien necesitaba algún medicamento o tenía alguna dolencia.

Ricardo subraya que cumplía esa labor porque la consideraba “mi lucha por mi libertad más que nada, no quería llegar a lo que pasa en otros países”.

En todas esas jornadas una de las cosas que más le preocupó fue la desinformación, cada noche llegaban rumores de que desde El Alto se movilizaban los afines al Movimiento al Socialismo (MAS) para recuperar el control del centro histórico, pero felizmente nada de eso ocurrió.

Considera que el domingo 10 y el lunes 11 de noviembre fueron los más tensos. Tras la renuncia de Evo Morales había un vacío de poder y pese a la grave situación “nadie quería irse a su casa, estábamos decididos a enfrentarnos, estaban las barricadas y los de la UTOP nos pidieron que nos retiremos porque si eran sobrepasados nos iban a matar a nosotros, algunos policías lloraban, la situación era tremenda, la gente estaba asustada pero nadie se iba”.

Recuerda que preparó jeringas con cloro, algunos trajeron flechas, se hacían armas tipo lanzas, “la convicción era matar o morir, era como una zona de guerra, pero el general Williams Kaliman salió a decir que iban a salir las Fuerzas Armadas y eso hizo que los masistas, la gente se disperse y volvió la calma”.

“El manejo es político”

El vacío de poder, afirma, generó mucha incertidumbre y justifica la reacción de la ciudadanía contra el gobierno de Evo Morales porque la gente estaba hastiada de tantos abusos y corrupción.

En el caso de los médicos dice que quisieron implantar las ocho horas, después penalizar la práctica médica y luego implementar el Sistema Único de Salud (SUS).

Reconoce que los que lucharon eran jóvenes, pero indudablemente en todas las movilizaciones y barricadas estuvieron personas de todas las edades.

“Me parece un buen gobierno de transición el de la presidenta Jeanine Áñez. Vienen las elecciones, pero la cosa está muy dividida. El MAS no está muerto, sigue teniendo fuerza, darán un voto castigo y si la oposición no se une, tienen posibilidades de ganar”, advierte.

“Si eso pasa, estaríamos fregados todos, arremeterían contra toda la clase media, peor a los de la Resistencia, porque nos han identificado, nos sacaban fotos”.

Para Ricardo, el problema es que los políticos velan por sus intereses y “de no unirse en un frente amplio para no dividir el voto, la situación se complicará. Ahora el manejo es político, no es lo ideal volver a las calles, espero que el liderazgo antimasista se una en torno a una candidatura”. Refiere que si las elecciones fueran mañana, candidatos como Carlos Mesa no obtendrían la votación que lograron el 20 de octubre porque ahora es otro el escenario y eso deberían tomar en cuenta los políticos.