Este año, a punto de convertirse en año viejo, está dejando un sabor agridulce a los bolivianos, porque fue testigo del derrumbe de una dictadura nefasta pero al mismo tiempo permite hacer el balance del desastroso manejo de la economía que hizo el cocalero desde 2006.

Noviembre fue el mes en que el cocalero y su vicepresidente renunciaron y partieron de inmediato, como almas que las lleva el diablo, a bordo de un avión mexicano, comenzando un periplo que los llevó de México a Cuba y luego Argentina, pero que podría tener todavía un largo recorrido.

La sonrisa del rostro de los bolivianos no se quita desde entonces y eso les da la actitud positiva ante los desafíos que quedan por delante, consistentes sobre todo en elegir a un gobierno que sea digno de la proeza del pueblo, de la hazaña que otros pueblos sometidos a sus propias dictaduras quisieran imitar.

Las protestas de los mexicanos, que pedían la expulsión de del cocalero, pusieron en figurillas a su gobierno, mientras que en Buenos Aires han comenzado a surgir protestas similares inspiradas en el repudio que sienten los argentinos por el narcotráfico que hace tanto daño a esa sociedad y que ellos relacionan con el gobernante derrocado por los bolivianos.

Incluso han surgido voces de protesta en España contra el gobierno de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, repudiando a un falso izquierdismo que provocó el vergonzoso episodio en las inmediaciones de la residencia de la embajadora de México en La Paz. Según Okdiario, de Madrid, los españoles deben entender, como lo han demostrado los bolivianos, dice, que el cuidado de la democracia es una tarea que los ciudadanos deben tomar en sus manos.

De estos motivos de orgullo por lo que deja el año 2019 hay que pasar a los dolores de cabeza, todos relacionados con el irresponsable y corrupto manejo de la economía que hizo el MAS desde 2006 y que ahora está dando su cosecha amarga.

Al estado lamentable en que ha quedado YPFB, después de haber generado 37.000 millones de dólares en la sobreexplotación de los yacimientos de gas, se suma el despilfarro consistente en una planta de urea y amoniaco de Bulo Bulo que costó 1.000 millones de dólares y que opera con solo 30% de su capacidad; una planta separadora instalada en Yacuiba, a un costo de 700 millones de dólares, que ahora opera con uno solo de sus dos módulos; una planta de gas natural licuado, que costó 220 millones de dólares, que ahora está abandonada… Las utilidades de YPFB habían sido de 1.300 millones de dólares en 2014 y este año serán de solamente 52 millones. Un desastre.

El déficit fiscal ha llegado a 9% del PIB, el más alto de América Latina, y requerirá del próximo gobierno un tratamiento muy cuidadoso, quizá con ajustes para reducir el gasto corriente.

La deuda pública representa ahora 64% del PIB, según los cálculos del economista Mauricio Ríos García, quien prevé que se produzcan los estallidos de algunas burbujas que dejó muy infladas el gobierno del cocalero.

A pesar de todo esto, no se quita de la cara de los bolivianos la sonrisa de felicidad por haber expulsado a una dictadura.

Feliz Año Nuevo.