Un grupo de personas hacen fila en la Oficina de Correos de Kennington en Londres, Reino Unido. (Foto: Reuters)

Los científicos afirman que un esfuerzo único de aislamiento como el que se está realizando en muchos países del mundo no detendrá la transmisión del coronavirus.

Infobae

Un confinamiento único no detendrá al nuevo coronavirus y se requerirán períodos repetidos de distanciamiento social en 2022 para evitar que los hospitales se vean abrumados y el sistema sanitario colapse, dijeron el martes científicos de la Universidad de Harvard en Estados Unidos, quienes simularon la trayectoria de la pandemia en el futuro.

El estudio se produce cuando Estados Unidos entra en el pico de su número de casos de COVID-19 —con más de 26 mil muertes y 600 mil contagios— y los estados de esa nación observan una eventual relajación de las medidas restrictivas duras.

La simulación por computadora del equipo de Harvard, que se publicó en un artículo en la revista Science, asumió que el virus se volverá estacional, como los coronavirus estrechamente relacionados que causan el resfriado común, con tasas de transmisión más altas en los meses más fríos. 

La investigación, que realizó proyecciones teniendo en cuenta todo tipo de variables, concluyó que es poco probable que en un período corto de tiempo la vida, tal y como la conocíamos, retorne a como era antes del virus.

Repartidores de las aplicaciones de entrega a domicilio se sientan a más de un metro de distancia unos a otros debido al brote de coronavirus mientras esperan los pedidos de clientes en una tienda en Bangkok, Tailandia. (Foto: Reuters)

Los autores del estudio afirman que aún se desconoce mucho sobre el mal, incluido el nivel de inmunidad adquirido por una infección previa y cuánto tiempo dura.

“Descubrimos que es probable que las medidas de distanciamiento social por única vez sean insuficientes para mantener la incidencia del SARS-CoV-2 dentro de los límites de la capacidad de atención crítica en Estados Unidos”, sostuvo el autor principal Stephen Kissler en un intercambio con periodistas.

“Lo que parece ser necesario en ausencia de otro tipo de tratamientos son los períodos intermitentes de distanciamiento social”, agregó.

De todas maneras, se requerirían pruebas virales generalizadas para determinar cuándo se han cruzado los umbrales para reactivar el distanciamiento, dijeron los autores.

Los científicos creen que hay una serie de factores que determinará el rumbo que el virus tome en los próximos años: si los contagios bajan durante el verano y resurgen durante el invierno, si las personas que son infectados tienen algún tipo de inmunidad y cuánto duraría esta o si las personas obtienen inmunidad por haberse infectado con otros coronavirus que causan resfriados comunes.

El modelo predice que un esfuerzo único de distanciamiento social como el que se está empleando actualmente en EEUU no detendrá la transmisión del virus.

Sin embargo, si se desarrollan tratamientos que puedan evitar que los pacientes de COVID-19 desarrollen una enfermedad grave o si se crea una vacuna, las restricciones de movimiento podrían relajarse.

Una mujer cruzando una calle vacía de Park Avenue en Manhattan, EEUU, en medio de la propagación de la enfermedad provocada por el virus. (Foto: Reuters)

Además, los investigadores afirman que las medidas de aislamiento y distancia social se podrían flexibilizar si los países deciden aumentar la capacidad de camas en las unidades de cuidados intensivos, siempre y cuando puedan hacer frente al aumento de contagios que esa decisión generaría.

Una medida como esta podría ayudar a la inmunidad de rebaño, lo que hace el número suficiente de personas logren la inmunidad y así se pueda detener la propagación. 

“Así que creo que las intervenciones de distanciamiento de algún tipo tendrán que continuar, con un poco de alivio y junto con otras intervenciones”, dijo el epidemiólogo Marc Lipsitch, otro de los autores del estudio.

Los científicos aseguraron que el virus “llegó para quedarse” porque ven poco probable que la inmunidad sea lo suficientemente fuerte y dure lo suficiente como para que el COVID-19 se extinga, como fue el caso del brote de SARS de 2002-2003, ya que la ola inicial del nuevo coronavirus arrojó resultados críticos.