El Movimiento al Socialismo (MAS), partido que surgió de la compra de la sigla a un viejo proyecto político de orientación y nostalgias falangistas, está viviendo ahora un acelerado proceso de descomposición, que se da a menos de tres meses de que sus conductores abandonaron el gobierno cuando huyeron al exterior.

Diputados y senadores de ese partido, que hacen mayoría en cada una de las cámaras del Legislativo, aceptaron las renuncias de Evo Morales, el cocalero ahora prófugo, y de su vicepresidente, Álvaro García Linera, quien tenía las funciones de “gerente” de los negocios del gobierno, según lo delató el empresario Carlos Gill Ramírez.

La aceptación de las renuncias por la asamblea de senadores y diputados fue hecha el 21 de enero, cuando se cumplía el plazo de la gestión del anterior gobierno, que había sido interrumpida por la renuncia y fuga del 10 de noviembre, y pareció un trámite innecesario.

Quizá lo sea para efectos constitucionales, pero el hecho tuvo una importancia muy grande en el debate interno de ese partido, porque equivale a la respuesta de Eva Copa, la presidenta del Senado, a las decisiones tomadas por el prófugo en Buenos Aires para la designación de los candidatos del partido a las próximas elecciones.

La señora Copa aclaró, además, que el binomio escogido en Argentina por el cocalero y su corte de refugiados, era solamente “una propuesta”, que el MAS deberá analizar en Bolivia, es decir entre los masistas que no huyeron del país.

Esto respalda los análisis según los cuales la renuncia y posterior fuga del país de ambos personajes fue el golpe más duro contra ese partido, porque dejó en el abandono, en la orfandad, a todos sus dirigentes medios, comenzando por los parlamentarios. Se habían ido, además, instruyendo que todos renunciaran a sus cargos, si estaban en la escala de la sucesión presidencial, una instrucción que equivalió al suicidio.

El mismo cocalero prófugo dio otros golpes a su partido desde el exterior, como la llamada telefónica a uno de sus seguidores para el cerco a las ciudades de Bolivia a fin de que la gente se muriera de hambre y sed, y termine rindiéndose.

Luego vino un golpe demoledor a su partido: pedir a sus huestes que organicen “milicias armadas” para protegerlo cuando él haya reunido la suficiente dosis de valor para retornar al país.

Lo último fue la humillación. Decidió elegir en Buenos Aires a los candidatos del MAS para las próximas elecciones a pesar de que su partido había tomado ya algunas decisiones, había conformado un Pacto de Unidad, y elegido a David Choquehuanca como candidato, acompañado del cocalero Andrónico Rodríguez.

Desde el muy elegante y refinado barrio porteño de Puerto Madero, facilitado por una corriente corrupta del peronismo, el cocalero ordenó que el candidato sea Luis Arce Catacora, exministro de Economía, y Choquehuanca.

Eso marcó el desbande del MAS

Ni las Bartolinas, ni la COB, ni los “interculturales”, ni  las estructuras masistas de las ciudades aceptan la decisión de Buenos Aires. Pero sobre todo no la acepta Eva Copa, presidenta del Senado por el MAS, que ha dado una bofetada al prófugo aceptando su renuncia y pasándolo al archivo de la historia como un sátrapa. Muy poco sobrevivió ese partido a la cobardía de su caudillo y al abandono del poder.