Durante diez años, el cocalero Morales estuvo haciendo uso del avión francés que compró en 38 millones de dólares, y los medios jamás dijeron nada, lo que también se dio con los aviones y helicópteros de lujo comprados para el vicepresidente y algunos ministros.

Pero como la hija de la presidenta Jeanine Áñez, que cumple una función honorífica en el gobierno, hizo un viaje en un avión de la FAB a Roboré, eso sí, se trata de algo que no se puede perdonar. Algunos medios se han lanzado a criticar ese hecho, contradiciendo la actitud permisiva que mantuvieron en el inmediato pasado.

No se usa la flotilla de helicópteros de lujo comprados por el cocalero Morales, ni los aviones de costos millonarios, lo que representa un ahorro que permite, junto a otras decisiones de austeridad, financiar parte o la totalidad de los bonos que ahora le llegan a la gente.

El avión francés del cocalero y el otro similar del vice de la dictadura, están parqueados, esperando que alguna empresa especializada les haga un microaspirado, a fin de poderlos vender para comprar respiradores o lo que sea necesario para esta pandemia. El microaspirado deberá constatar si en el avión hubo o no consumo de droga. 

Nada de eso tiene importancia. Hay que observar el viaje, uno solo, de la hija de la presidenta a Roboré, una ciudad cruceña a la que no llegan las compañías aéreas que operan en el país.

El cocalero Morales usó el avión presidencial para hacer tantos viajes que podía haber dado diez veces la vuelta a la tierra. Ni siquiera hay registro de la cantidad de veces que estuvo en Caracas, en La Habana, en Moscú, el Teherán. Nadie ha sacado la cuenta de esos viajes.

La Contraloría no tiene la menor idea de cuánto costaron los viajes del cocalero al exterior, y menos al interior. Ni viajes, ni viáticos ni gastos. Esa institución tuvo catorce años sabáticos, igual que la función del parlamento de fiscalizar lo que hace el ejecutivo.

Y la ventaja adicional que tenía el cocalero Morales era que los medios no criticaban. Si alguno lo hacía, era castigado. Si algún columnista sacaba los pies del plato, se los cortaban.

Pero ahora los medios han decidido compensarse a sí mismos y se han lazado a criticar un viaje de la hija de la presidenta.

Si van a seguir en esta actitud será bueno que los medios indaguen también por los costos de los viajes de la presidenta y sus ministros por tierra, si reciben o no viáticos. Será una buena práctica para el futuro de la democracia. Los medios habrán vuelto a cumplir tareas de fiscalización. Son la fortaleza de la democracia.