Cergio Prudencio

El Consejo Administrativo de la Fundación Cultural del Banco Central (FCBCB) ya completó los siete consejeros que precisa para operar.

Entrevista a Cergio Prudencio

Por Jackeline Rojas Heredia

Cergio Prudencio, poeta, compositor y actual presidente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia (FC-BCB), comparte las líneas temáticas o ejes hacia donde se encaminará el trabajo de esta importante institución que administra seis de los museos más grandes del país.

Estos últimos días, el Consejo Administrativo de la Fundación ha pasado por cambios, ¿cómo sigue este proceso de adecuación y ajuste?

Son situaciones normales en el proceso de la gestión institucional, se han incorporado dos nuevos consejeros correspondientes a dos acefalías que había en el Consejo y que han sido designados por el Ministerio de Culturas, que es lo que corresponde, tres designa el Ministerio y cuatro el Banco Central de Bolivia. Entonces se integró a Claudia Peña y Manuel Monroy Chazarreta, ambas personalidades de la cultura que se incorporan para contribuir desde su experiencia a este colegiado, que es la Fundación.

¿Estaban acéfalos los puestos que ocupan los nuevos consejeros?

Habíamos tenido a Natalia Campero hasta hace poco, ahí estaba una de esas acefalías, la otra venía de la plaza que fue ocupada por el consejero Homero Carvalho, el último en ocupar ese cargo, y ahora estamos completos luego de mucho tiempo, la Fundación tiene en su planilla a los siete consejeros completos.

Se ha cuestionado mucho la labor de los consejeros a través de los medios, ¿podemos dejar en claro qué trabajo realizan?

Para mí es una injusticia que se los cuestioné, son valoraciones subjetivas. El Consejo, según estatuto, es la máxima autoridad, es un colegiado que responde plenamente a prácticas culturales de nuestras naciones y pueblos originarios. Ancestralmente eran esos colectivos los que tenían la máxima decisión sobre las actividades comunitarias. El trabajo del Consejo es justamente eso, generar criterios que respalden y amparen la sustentabilidad de la gestión. Cada consejero viene de una experiencia en el área de cultura, historia, gestión, arte, su visión permite enriquecer, proteger la gestión. El Consejo opera como colectivo, genera políticas, aprueba el Presupuesto Operativo Anual (POA), el plan estratégico. Y en lo práctico, desde  mi experiencia, como MAE (Máxima Autoridad Ejecutiva), no me imagino la administración de la Fundación sin el Consejo, sin esa lógica de los amautas que generan la sostenibilidad de una gestión, toda mi valoración por ese trabajo sin el cual la fundación no se habría reencauzado.

Este año es especial para la Fundación, ya que se encamina hacia retos significativos, ¿cierto?

Efectivamente, la Fundación  crece y se plantea ser más funcional al país de manera general, eso nos ha llevado por la ruta de reflexionar nuestra misión general y específica en cada uno de los repositorios. 
Hemos trabajado en un documento base de planificación (2018-2022), que es el quinquenio que me corresponde, y en ese marco fue un documento consensuado por el consejo de la Fundación, los directores de los repositorios y el equipo técnico. Hemos establecido dos líneas estructurales, la primera relativa a gestión cultural y otra a gestión  en infraestructura. Tenemos una importante infraestructura patrimonial como base de nuestros activos museológicos, y en los seis centros, tenemos proyectos de crecimiento, lo cual lleva a que la infraestructura sea central y la gestión cultural se dedique a ser la cabeza que lidere los procesos de transformación museológica, museográfica, sobre todo en dos centros: Casa Nacional de Moneda y Casa de la Libertad.

El vicepresidente Álvaro García Linera defendió el valor de los museos como espacios en los que se nutre la raíz y espiritualidad, ¿la Fundación sigue una línea similar en los seis repositorios que administra?

Estamos de acuerdo con esa visión. Los museos en Bolivia se han formado, en general, por compromisos de la sociedad civil. Luego ha entrado el Estado. Corresponde ahora proyectar el patrimonio, generar narrativas funcionales al país, y por eso, en la Casa de Moneda trabajamos en un cambio de visión que nos permita contar la historia económica del país, contar qué pasó entre el Cerro Rico y el actual modelo económico en Bolivia, todo lo que ha ocurrido durante siglos, la explotación de la minería, la acuñación de la moneda, las prácticas tecnológicas precoloniales y coloniales, y para eso haremos funcional el patrimonio, nos explicaremos a nosotros esos aspectos funcionales a nuestra historia. De igual manera, en la Casa de la Libertad nos guaremos no sólo por el hecho independentista, sino por toda una historia acumulada de siglos de lucha por la independencia que nos permita entender nuestra historia y todo lo que atravesamos hasta llegar aquí. Ése es nuestro objetivo, es funcionalizar el patrimonio a narrativas que el país necesita.

En paralelo a esos ejes temáticos que lleva adelante la Fundación, ¿se continuará con el apoyo que brinda a proyectos culturales, como exposiciones y producción de material bibliográfico?

Naturalmente, cada uno de los centros tiene vocaciones específicas que se han construido y consolidado respecto a su patrimonio, a su infraestructura y a sus propios modelos de gestión. El Museo de Etnografía y Folklore (Musef), el Museo Nacional de Arte (MNA) y el Archivo y Bibliotecas Nacionales de Bolivia tienen formas de gestión que la sociedad de alguna manera ha esculpido y tallado, y eso no quita que quitemos la continuidad a las prácticas, la dotación de servicios, claro que todas las actividades y proyectos se proyectarán en el marco de esta nueva misión museológica.

¿Y en consenso con cada uno de los directores de los centros, como mencionó?

Es un privilegio tener a los actuales directores. Todos son muy  comprometidos no sólo con los repositorios que dirigen, sino con una visión integral de la Fundación, que es uno de los logros actuales, el haber podido reconstruir una mirada integral de la Fundación, una mirada fuerte que opere desde esas seis vocaciones, generando programas y proyectos con esa visión.

En esa línea, ¿la imprenta de la Fundación le dará continuidad al trabajo iniciado el pasado año?

Tenemos la imprenta y está funcionando, pero por el traslado a nuestras nuevas instalaciones aún se la está adecuando, implica dificultades de orden práctico, pero se dará continuidad al servicio que brinda con algunas publicaciones que demandan los repositorios. Más importante que la imprenta como tal es la política de publicaciones que se está desarrollando, el definir líneas integrales, ¿Qué le vamos a proponer al país en materia de publicaciones? ¿De qué manera nos articulamos con la Vicepresidencia, que es vanguardia de publicaciones hoy en día?
Por otro lado, estamos preparando términos de referencia para iniciar la reparación de la Casa (Sopocachi), donde ya está funcionando la Fundación e iniciar la construcción de un anexo que calculo podrá concretarse hasta 2019.