El intento de magnicidio registrado la noche del último jueves en la capital argentina en contra de la expresidenta y actual vicepresidenta de aquel país, Cristina Fernández, necesariamente debe llamar a una profunda y seria reflexión sobre los niveles que está alcanzado la violencia política y cómo ha degenerado el debate político.

Este no es un problema exclusivo de nuestro vecino del sur, puesto que abarca la conducta de muchos referentes políticos principalmente de la derecha antidemocrática y fascista. Lo hemos visto en los Estados Unidos, supuesto ícono de la democracia, al finalizar el gobierno de Donald Trump; lo vimos en Brasil; lo vimos también bajo diversas formas en Colombia desde hace muchos años y con una violencia casi institucionalizada; en Chile con la represión a movilizaciones indígenas y estudiantiles, y así en el resto del continente con variada intensidad.

Esta violencia tiene varios rostros, se inicia en el discurso político de odio inmediatamente amplificado por los medios de comunicación serviles que se han convertido en el vehículo más utilizado por la derecha radical para envenenar el alma de la gente.

Se ha devaluado el debate político democrático para pasar a un discurso de agresión permanente, de amenazas, de violencia de género, de violencia étnica, de racismo y discriminación y no interesa decir la verdad o tener la razón, lo importante es agredir al oponente, descalificarlo ante el público, utilizando cualquier tipo de argumento y juzgándolo y sentenciándolo no en los tribunales, sino en los mismos medios que se han convertido en jueces supremos e inapelables, cuya sanción apunta directamente a la acción violenta, a establecer un escenario donde la gente crea tener el derecho de “cobrar justicia” por mano propia porque la sentencia ya fue emitida por los medios.

Ese discurso de odio y descalificación, antidemocrático por donde se lo vea, es autoritario, dictatorial y además fascista, porque no acepta voces contrarias, no admite discrepancias ni disensos, no permite el debate de ideas. Todo es blanco y negro, o estás conmigo o estás en mi contra. Y si estás en mi contra, tengo todo el derecho de eliminarte políticamente o, si es necesario, físicamente.

En los últimos días se ha observado una arremetida vehemente de esa derecha violenta en contra de líderes populares. Además de lo sucedido con Cristina, Petro y Boric o su entorno también fueron víctimas de intentos de atentados en contra de su integridad personal, que empiezan a marcar toda una nueva línea de acción de la arremetida antipopular.

No es solo un ataque contra algunos líderes latinoamericanos, es una advertencia al movimiento popular y progresista. Es bueno tener claro qué es lo que puede venirse en contra de nuestros pueblos, porque el imperio y los intereses capitalistas no aceptan que sean nuestros pueblos que decidan su propio destino, el uso de sus recursos naturales y el camino que vayan a seguir de manera libre y soberana.