La cuarentena invita a todos a meditar acerca del futuro, pero sobre todo a meditar, a reflexionar sobre la vida, ahora que está en peligro para todo el mundo.

Se han hecho algunos ensayos para predecir cómo será el retorno a la normalidad para quienes hubieran sobrevivido a la pandemia que paraliza al mundo.

Algunos políticos y analistas bolivianos aportan con ciertas ideas sobre cómo deberían ser los primeros pasos de la nueva Bolivia, la que surja de esa prueba tan difícil.

Como se trata de algo que nunca antes se presentó, todos improvisan y, por lo tanto, tienen el derecho a equivocarse, como se han equivocado casi todos los gobiernos del mundo al enfrentar a esta pandemia.

Ningún gobierno del planeta puede decir que no cometió ningún error, ninguno. Es que se trata de algo nuevo, para lo que nadie, absolutamente nadie, estaba preparado.

El ejercicio de predecir el futuro se complica para los bolivianos porque la realidad del país estaba en crisis antes de que llegara esta pandemia. El país había sido destruido con esmero por un gobierno que podía haberlo convertido en una potencia regional, pero prefirió mostrarlo como el país con la mayor tasa de corrupción del mundo.

Pero eso es llorar sobre la sangre derramada. Los corruptos del cocalero Morales tendrán que explicar ante los tribunales correspondientes por qué y cómo hicieron las atrocidades que hicieron con los mayores ingresos que Bolivia recibió en toda su historia.

Si parece una maldición que la mayor cantidad de recursos económicos que recibió Bolivia desde 1825 hasta ahora hayan llegado cuando estaba en el gobierno una pandilla de ladrones.

Destinar 4.000 millones de dólares a la propaganda entre 2006 y 2018, mientras destina menos de la mitad de esa cifra a salud, es una atrocidad que ahora es más imperdonable que nunca.

Sin contar con la ironía de que toda esa propaganda no le sirvió a esa dictadura pagar ganar elecciones, sino que se vio obligada a hacer fraude. En el referéndum de 2016 la diferencia del NO respecto del SÍ fue de 16 puntos porcentuales, que fueron reducidos a fuerza de fraude en el conteo, el 21 de febrero de ese año, hasta que las cifras no le permitieron seguir adelante y tuvo que admitir su derrota.

Con esa experiencia, la dictadura del cocalero Morales decidió enfrentar las elecciones de 2019 con una dosis mayor de fraude, pero olvidó que había observadores internacionales que denunciaron el hecho como el mayor fraude de la historia.

En suma, la propaganda tan cara no había servido de nada. El culpable decidió escapar, dejando un país con la economía destruida.

Por lo tanto, el gobierno de la presidenta Jeanine Áñez tiene que buscar recursos para enfrentar la pandemia y, además, planificar cómo será la economía que ya estaba destruida antes de que llegara el virus.

Las propuestas de los narcotraficantes, que siguen con sus actividades lucrativas, no sirven, porque los bolivianos han renegado de ese modelo, y han expulsado al jefe de la propuesta indigna e ilegal.

La meditación a la que están forzados los bolivianos ayuda a que tomen conciencia del pasado inmediato y decidan cómo será el futuro del país. Lo harán cuando deban votar.