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Jackeline Rojas Heredia

El reto es hilar las palabras de tal manera que permitan, a quien las lea, sentir la lluvia de emociones que quien escribe siente cada vez que tiene contacto con Warisata, la escuela ayllu sin origen definido porque no se puede hablar solo de un 2 agosto de 1931, cuando su concepción ocurrió muchos años antes, más de los que quizá se mencione en este espacio. 

Warisata es la suma de varias historias, en las que destaca una central: el proyecto de amor más grande que unió la vida y trabajo de dos hombres, Elizardo Pérez y Avelino Siñani.

Historia que comparto a través de las palabras de la hija de Pérez, María Victoria Pérez Oropeza, y las de otro incondicional enamorado de la escuela y promotor en Bolivia de la campaña por el derecho a la educación, David Aruquipa. 

Trayectoria brevemente narrada en la obra El despertar de las conciencias, que se presentará el 2 de agosto en la inauguración de la muestra fotográfica y el coloquio ‘¡Warisata Mía!’, de otro tercer gran protagonista, Carlos Salazar Mostajo. 

Está claro que los homenajes a la escuela nacida en el altiplano y a su propuesta pedagógica que influenció a Bolivia y América Latina continuarán en la producción sin pausa de investigaciones y obras dentro y fuera del país.

“Se conocieron en 1917 y fue un encuentro muy impactante para ambos”, afirmó María Victoria mientras contextualiza su lectura en el tono posiblemente narrado por el mismo Elizardo:

Éste no es un encuentro casual, siento una emoción contenida, me embargan tales sentimientos al pensar en ese preclaro varón de la estirpe aymara, lo veo como un ejemplo de las más altas virtudes humanas, en otro tiempo, otro lugar, otra época, hubiera sido honrado por la sociedad, pero vive en el sórdido ambiente del altiplano degradante y oscurantista, adverso a esta clase de espíritus, bajo su exterior adusto eternamente colla se oculta un alma tan pura, como la de un niño, y tan esforzada como la de un gigante, su espíritu es capaz de penetrar tanto en el misterio de la naturaleza como en los espíritus humanos. Veo en Avelino la encarnación de la doctrina contenida en el ama sua, ama llulla y ama qhella, y en dimensión insuperable. Obligado a gravitar en su pequeño mundo abre una escuelita pobrísima…

A partir de ese contacto que se dio porque Elizardo Pérez cumplía con su trabajo de inspector de escuelas se inició un trabajo titánico en el que el primero intentó darse modos de conseguir, en la ciudad de La Paz, los materiales necesarios para la pobre escuela de Avelino, amistad y trabajo que se fortaleció cuando ambos con sus manos, con su tiempo de pocas horas de sueño, con sus estudiantes y con las poblaciones campesinas construyeron la infraestructura de lo que sería la escuela ayllu indigenal, la primera en América.

“Los ladrillos que tiene la escuela son únicos en Bolivia y América Latina, fueron hechos por ellos mismos, las tejas y el barro”, añadió Aruquipa.

Los recuerdos y anécdotas de aquellas jornadas laborales se entremezclan entre comentarios y risas que, por algún mecanismo mágico, permiten a quien escucha, situarse en aquellos helados días vigilados y protegidos por el Illampu.

“La base de la pedagogía en Warisata fue el aula, el taller y el sembradío, esa trilogía que abarca todo el ambiente y el mundo del niño, y ya desde pequeños empezaban a encontrar su vocación. El niño espontáneamente mostró lo que le interesaba”, rememoró María Victoria.

Ambos en ese recuento se acordaron de un estudiante de Warisata que aún se mantiene lúcido. “Don Basilio tiene 90 años y tiene una memoria impresionante. Con él paseábamos por la escuela y nos mostraba, ‘aquí estaba nuestra parcela, después íbamos al fondo a ver los huevos, al criadero a cuidar nuestro animalito…’. Cada quien tenía una función, la escuela ayllu era la escuela de la comunidad”, enfatizó la hija de Elizardo.

Memoria fotográfica
Junto a las hijas de quien fue maestro en Warisata, Carlos Salazar Mostajo, Laura y Cecilia Salazar, más el apoyo del Museo Nacional de Arte (MNA) dependiente de la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia, el miércoles 2 de agosto se realizará en el patio de Cristal del MNA, a partir de las 15.30, el conversatorio ‘¡Warisata Mía!’, a cargo de Cecilia Salazar, Cléver Cárdenas y Orlando Huanca.

Posteriormente se presentará el libro Elizardo Pérez-El despertar de las conciencias. Y a las 19.00 se inaugura la muestra fotográfica Warisata en Imágenes, con alrededor de 47 registros que se presentarán al público hasta el 27 de agosto. El autor de ese legado fotográfico es Carlos Salazar, a quien Elizardo Pérez solía decir “mi chapaquito querido”.

“Este año, el Chapaco (Carlos Salazar Mostajo) habría cumplido 100 años”, recordó David Aruquipa.

Mientras María Victoria, con la emoción contenida, dice: “Lo extraño horrores, mientras escribía el libro me preguntaba qué me diría él en esta parte y cómo le habría gustado que yo narre ese hecho o lo otro, finalmente también fue su vida”, dijo. 

Aruquipa informó que la muestra fotográfica será llevada a las Naciones Unidas. “No se trata solo de las imágenes que se presenten en la exposición, el chapaco tiene 202 fotografías de Warisata”, explicó.

La familia de Salazar donará las fotos y sus negativos a la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA), y según David Aruquipa, esta casa de estudios superiores postulará ese registro a la Memoria del Mundo (Mowlac) por el valor histórico que posee tanto para Bolivia como para América Latina.

Aruquipa dijo que también se impulsará la aprobación de una ley que declaré patrimonio nacional a esas imágenes.

“Yo creo que el aporte que hizo Carlos Salazar ya es invalorable porque toda su producción literaria y pictórica ha estado inspirada en la experiencia de Warisata, y algo bello que solía decir el chapaco era que cuando él estuvo en la Guerra del Chaco como periodista, escuchó sobre Warisata y decía: ‘Cuando yo supe lo de Warisata fue como un imán que me atrajo y del que nunca me pude separar’, por eso dice ¡Warisata Mía!”, recordó María Victoria.

Proyecto museo
Un sueño acariciado hace años es que se recupere la infraestructura de la escuela, los colores originales y los sitios en los que se realizaron los diversos trabajos. “Justamente para revitalizar la escuela ayllu lo que se planteó es hacer una restauración integral, pero además que sea funcional, y quisimos que se convierta en el Museo Pedagógico de la Educación en Bolivia”, explicó Aruquipa sobre la idea planteada en 2007. Hoy los objetos que quedaron en Warisata se hallan en un solo espacio que hace de depósito. Antes se podía ingresar a la habitación que ocupó Elizardo Pérez. “Estaba aún su cama y había una mesa enorme que ya no he vuelto a ver”, comentó María Victoria. Pero hay algo que sin duda le da “eternidad” a la escuela ayllu y es la cantidad de tesis y escritos que se hacen sobre ella.

 

El despertar de las conciencias sobre la base de los escritos de Elizardo Pérez

“No sé si soy yo quien habla o es mi padre quien lo hace a través de mí”, afirmó María Victoria Pérez Oropeza. Explicó que la obra “es el testamento que hizo Elizardo Pérez a pedido de las comunidades de Warisata y Llica”. Entonces ella quiso que llegue a más cantidad de personas y en forma resumida, es por eso que mucho de lo que está escrito le pertenece a su padre, con observaciones y aportes suyos sobre la base del contacto y vivencia con aquel hombre que definió “histriónico, amante de la naturaleza y de los animales”. 

Warisata es el sistema nuclear que trascendió a todo el continente, desde su núcleo se creó toda una red de escuelas en el oriente y occidente. No puede reconocerse solo como algo que quedó en Bolivia porque llegó a México,  Colombia, Ecuador e incluso al norte de Argentina. Se ve la educación como un proceso reflexivo, crítico, libertario para la emancipación y la reflexión, y no concebida como un instrumento servilista.