Laberinto

Gustavo Cortez C.

Editor / Bolivia Deportes

Wilster pintó de rojo un torneo que deja muchas reflexiones

Primero hay que felicitar a Wilstermann. Digno campeón del Clausura. Fue el equipo más regular. Cristian Díaz, un DT argentino joven, recompuso el equipo que el español Miguel Portugal dejó volando bajo. Lo enderezó, lo fortaleció y le devolvió la identidad que tiene. El plantel respondió en cancha y el sábado disfrutó de su premio: el título.

Bolívar, el equipo más pintado y de más inversión, decepcionó. Tenía el cetro en sus manos, pero lo dejó escapar en los últimos partidos. Igual el Tigre. Cuando parecía que con Mauricio Soria subía con buen fútbol, se pinchó en la recta final.

Hay que aplaudir a San José. Terminó el certamen sin presidente y casi sin entrenar. En el rectángulo fue un león hambriento. Agobiado por las deudas, hizo huelga, pero ni así halló respuesta. Los jugadores se pusieron el club al hombro y terminaron agarrando una Copa Libertadores para 2020.

Los de Santa Cruz volvieron a participar. Ya no compiten, ni los grandes. Oriente Petrolero y Blooming se conforman con la mitad de tabla y con alcanzar una copa internacional. Los otros, peor. Es una contrariedad. Esa región es semillero de talento, pero su nivel es chato y no tiene proyecciones. Su dirigencia necesita un fuerte sacudón.

Always Ready volvió con todo. Le da fútbol profesional a El Alto y esa ciudad responde con un masivo y contundente apoyo. El Millonario es ambicioso. Ya tiene Copa Sudamericana y se refuerza con todo para buscar un título en 2020. Hay que tomarle el apunte.

Dio pena ver algunos deslices… el Aurora B en La Paz ante Bolívar. Un papelón. El Oriente B en la fecha final con Wilstermann. El walkover de Sport Boys en Potosí…

Y alegró que el fútbol vuelva después de que la crisis social lo paralizó. Hay gente que opina que debió suspenderse el torneo. No. El fútbol se juega en cancha y ahí se resolvió todo. No queremos campeones por decreto.