Este lunes, cívicos cruceños y opositores se jactaron de su convocatoria para un paro cívico, pese a que además de Santa Cruz y parte de Chuquisaca no tuvo resonancia en las demás ciudades, donde las actividades se desarrollaron de manera normal a excepción de una que otra calle donde una llanta o un escombro sustituía a las personas.

Claramente esta convocatoria fue un fracaso, ya que el cálculo político del gobernador de Santa Cruz, Fernando Camacho, o del presidente del Comité Cívico Pro Santa Cruz, Rómulo Calvo, no contempló que la población ya no cree en sus discursos y que necesita trabajar para recuperarse del daño que causó el gobierno de facto que ellos mismos apoyaron.

La medida fue asumida sabiendo que un día después se llevaría a cabo el denominado wiphalazo, iniciativa que nació de las organizaciones sociales como un acto de desagravio del símbolo patrio que fue despreciado por Camacho y los cívicos cruceños; además de defender la democracia boliviana que fue recuperada hace un año y manifestar su respaldo al gobierno de Luis Arce.

La diferencia fue clara: miles de bolivianos salieron a las calles, la mayoría de organizaciones sociales, indígenas y campesinas, con la bandera tricolor y la wiphala en mano para protagonizar marchas que inundaron las principales vías de las distintas ciudades del país, registrando cadenas interminables de personas que rechazaron las declaraciones de algunos políticos de derecha y manifestaron su interés por cuidar la estabilidad que tiene actualmente Bolivia.

El mensaje de las organizaciones sociales fue claro: No se permitirá un nuevo golpe de Estado como pretenden hacer Camacho y sus seguidores, apoyados por políticos fallidos como Carlos Mesa, Jorge Quiroga, entre otros, y esa voz fue dada a conocer no sólo para que se escuche en el territorio nacional, sino en todo el mundo.

“Ellos intentan dividirnos, ellos buscan dividirnos y nosotros les decimos acá, desde la plaza San Francisco, desde todos los puntos donde se está viendo concentraciones de cientos de miles de bolivianas y de bolivianos, que el golpismo no pasará, aquí está el pueblo para defender su democracia (…) Hermanas y hermanos (…), el pueblo boliviano, una vez más, le dio una lección a la derecha golpista, asesina, antidemocrática. El golpismo quería parar y el pueblo boliviano le dijo ‘A trabajar’”, manifestó Arce en uno de los varios discursos encendidos que dio.

Esto tuvo una clara respuesta de los movimientos sociales, como las palabras del ejecutivo de la Central Obrera Boliviana (COB), Juan Carlos Huarachi, quien afirmó que “en los nueve departamentos el pueblo unido se ha concentrado como un solo hombre para defender nuestro proceso, para defender la democracia, para defender nuestros símbolos patrios, como la wiphala, la tricolor, nuestro patujú, nuestra kantuta (…) esa derecha golpista tiene otra vez intenciones de desestabilizar nuestro gobierno. No vamos a permitir más golpes, no vamos a permitir más desestabilización a nuestro gobierno, hoy el pueblo boliviano quiere trabajar, quiere recuperar su economía”.

De esa manera, una vez más, se dejó en claro este mensaje  a la oposición que aún busca repetir la fórmula del golpe de 2019, como lo admitió ya Camacho, para tratar de lograr nuevamente a la fuerza lo que el pueblo obtuvo mediante las urnas: un país democrático gobernado en el marco del interés de la mayoría, no de algunos políticos que hablan de división y federalismos.

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