Por: Cris González /

Aún conservo en mi retina la caravana, en pleno auge de la pandemia en octubre de 2020, de miles de migrantes hondureños y hondureñas de todas las edades, con sus mochilas y tapabocas en una travesía dolorosa hacia la frontera de Guatemala con la esperanza de llegar a los Estados Unidos. Aseguraban a la prensa que huían de la violencia, la pobreza y la falta de oportunidades en su país, acentuadas por la actual pandemia de Covid-19.

En Honduras no hay bloqueo, ni amenazas de intervención, ni guerra financiera, económica y política propiciada por EEUU, ni su gobierno sufre una agresiva guerra mediática sostenida como es el caso de Venezuela.  Honduras que hace doce años sufrió un golpe de Estado justo el día que se convocaba a un plebiscito y su presidente Manuel Zelaya, hombre progresista, había declarado días atrás su ingreso al ALBA-TCP. Pero fue atacado por un comando militar en su propia casa, que fue allanada y Zelaya obligado al exilio e interrupción de su mandato, junto a él iba Xiomara, su esposa.

Hambre, crimen organizado, violación a los derechos humanos, narcotráfico y el tercero más corrupto dentro de los indicadores mundiales. La tragedia que provocan estos  males se acrecentó durante los doce años después del golpe. El pueblo hondureño ha tenido gobiernos que han dejado a la población a su suerte, abandonada, por lo que los más vulnerables no tuvieron salieron en éxodo en plena pandemia.

El domingo pasado el pueblo hondureño dijo basta y votó por Xiomara Castro, una mujer que se convierte en la esperanza contra los graves males que azotan a Honduras, que logró a través de una coalición progresista llegar al gobierno con la promesa de sacar adelante a un país destruido.

Xiomara es una mujer valiente, sabe que deberá enfrentar una responsabilidad histórica, comenzando por la  campaña de odio y misoginia, no es  fácil en sociedades machistas como las de nuestra América, ser la primera mujer presidenta de la historia. Deberá asumir lo que han dejado las oligarquías dominantes y golpistas; una nación agrietada, en bancarrota, saqueada y altamente endeudada. Los indicadores del Banco Mundial muestran los altos niveles de pobreza y desigualdad, tiene la segunda tasa de pobreza más alta de América Latina y el Caribe después de Haití. Y altos niveles de violencia con más de 38 homicidios por cada 100.000 habitantes.

Pero Xiomara tiene el talante para enfrentar lo que viene, ya vivió duros momentos cuando fue víctima del derrocamiento y persecución, de Zelaya, no son las primeras justas a las que hizo frente, pero esta vez ganó con el voto del pueblo que asistió a votar masivamente de forma inédita para el país.

Con Xiomara regresa la izquierda, el sueño de integración regional, el triunfo rompe una década de gobiernos corruptos de derecha que aumentaron la brecha entre ricos y pobres.

El pueblo hondureño despertó como lo interpelara Berta Cáceres, reconocida activista hondureña, feminista, indígena Lenca, asesinada vilmente por el crimen organizado pagado por un empresario al que la  lucha de Berta, por la protección de la vida y los recursos naturales, afectaba sus intereses monetarios: “¡Despertemos! ¡Despertemos Humanidad! Ya no hay tiempo. Nuestras conciencias serán sacudidas por el hecho de sólo estar contemplando la autodestrucción basada en la depredación capitalista, racista y patriarcal” cuánta vigencia tienen estas palabras. (Cris González es directora de Correo del Alba)

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