• Romina Montoya /

Elías Yapuri, asesor legal y dirigente en el barrio Cofadena, en Montero, Santa Cruz, fue un perseguido político durante el golpe de Estado, quien para resguardar su vida se internó en el monte por un mes para evitar ser aprehendido por efectivos policiales.

En su testimonio relató cómo la Unión Juvenil Cruceñista, apoyada por las hordas delincuenciales de Santa Cruz, cometía una serie de abusos y excesos contra la gente que defendía sus viviendas, ante la amenaza de quemarlas, además de agredir sin piedad a la gente movilizada e incluso matarlos haciendo uso de armas de fuego.

“A mi familia la torturaron, mi hermana estuvo tres días detenida en la FELCC, querían que diga dónde estab yo. Al no saber qué hacer, dijo mi paradero; pero logré zafarme de la policía y del grupo ‘antiterrorista’ que conformó Arturo Murillo”, señaló.

Llegó a su comunidad de origen y en ese lugar permaneció el tiempo necesario hasta que consiguiera salir del país con rumbo a la Argentina en calidad de exiliado. Gracias al apoyo de la Liga Internacional por los Derechos Humanos de ese país tenía que viajar el 26 de diciembre de 2019, pero por diversas circunstancias no fue posible.

Las condiciones, y por sobre todo el temor de cualquier momento ser detenido por los efectivos policiales y militares, hicieron que tomara la decisión de viajar solo pasando tramos incluso difíciles por la presencia de los uniformados, pero pese a ello llegó a su destino el 10 de diciembre por la noche.

“No quería entrar a la cárcel, es muy feo, yo estuve detenido en 2008 por apoyar a mis compañeros y estar nuevamente en la misma situación no lo soportaría, por eso tomé la decisión del exilio”, dijo.

En todo ese tiempo que estuvo en la clandestinidad no pudo comunicarse con su familia, pues sus teléfonos estaban intervenidos por Inteligencia de la Policía e incluso su vivienda era permanentemente vigilada por civiles, creando zozobra y temor en sus seres queridos.

Su huida hacia el país vecino, si bien fue una solución para evitar su encarcelamiento, hacía que su preocupación crezca cada momento al imaginar que sus padres, su hermana y por sobre todo sus hijos sean tomados como rehenes.

Hoy, después de más de un año, la familia de Elías no es la misma y menos él, pues al escuchar un petardo o algún sonido que lo asemeje con lo vivido, le genera desesperación y mucho temor.

“He vuelto con mi familia, pero lo que me ocurrió fue también un espacio para reflexionar en torno a lo que estamos construyendo en lo familiar, personal y político. Hoy retomé mis actividades de asesoramiento legal para que muchas familias puedan tener saneados sus papeles para tener su casa”, finalizó su relato.